Messina Denaro: Por qué su captura no supone el fin de la mafia siciliana

Matteo Messina Denaro, uno de los cabecillas de la mafia siciliana, la Cosa Nostra, ha sido finalmente detenido tras una huida que ha durado 30 años. Su detención se produjo cuando un centenar de policías rodearon la clínica privada Maddalena de Palermo, donde habían descubierto que estaba recibiendo tratamiento.

Durante semanas se había rumoreado que Denaro estaba enfermo y recibiendo quimioterapia, pero a la opinión pública le sorprendió que el hombre más buscado de Italia estuviera recibiendo tratamiento en una clínica de Palermo junto a ciudadanos de a pie. Estaba en la cola para hacerse las pruebas cuando un agente de policía se le acercó para preguntarle quién era. Un socio que estaba con él salió corriendo, pero él se acercó y respondió simplemente: “Soy Matteo Messina Denaro”.

Los investigadores explicaron en la rueda de prensa que fue su necesidad de atención sanitaria lo que finalmente les permitió identificarle y actuar.

La detención de Denaro el 16 de enero se produjo exactamente 30 años y un día después de la de su mentor, el jefe, Toto “la Bestia” Riina. Parece significativo que, después de tres décadas huido, esta sea la fecha en que por fin ha sido detenido. Puede indicar que la dinámica interna de la Cosa Nostra está cambiando y que alguien había decidido entregarle porque ya no se le consideraba “útil”.

Denaro es el último jefe que conoce todos los secretos en torno a los atentados terroristas de la Cosa Nostra contra el Estado de principios de los años noventa. Si hablara, podría aportar piezas esenciales del rompecabezas mafioso de la posguerra. Sin embargo, esto es muy poco probable, por lo que cualquiera que espere la verdad puede verse decepcionado.

Su detención es también un preocupante recordatorio para las autoridades sobre la situación actual. Es la última cara conocida de los dirigentes de la Cosa Nostra. Los investigadores saben poco sobre el aspecto de los líderes actuales y ahora lucharán con una mano atada a la espalda mientras buscan a otros sospechosos de pertenecer a la mafia.

Un puente entre la vieja y la nueva escuela

Denaro era el último de los jefes mafiosos de la vieja generación. Representa el último eslabón entre la beligerante y abierta Cosa Nostra de principios de los 90 y la mafia silenciosa y empresarial del siglo XXI. Nació en el seno de una familia mafiosa y era conocido por su violencia, pero también se movía en los círculos “correctos” para hacer progresar su carrera.

Es el último jefe de la mafia asociado a la generación Corleone, un grupo de mafiosos (liderados por Riina y Bernardo Provenzano) que esencialmente llevó a cabo una guerra abierta contra el Estado italiano a principios de los años noventa.

El conflicto causó numerosas muertes violentas, como la de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino y la de Giuseppe Di Matteo, el niño de 12 años hijo de un delator, que fue secuestrado, estrangulado y disuelto en ácido para obligar a su padre a dar marcha atrás en su colaboración con el Estado.

Considerado menos conservador que los líderes tradicionales y más antiguos, Denaro era más llamativo y moderno. Pudo dirigir la Cosa Nostra desde 2007 hasta su detención infiltrándose en la economía legal a través de empresas pantalla. Mientras que Riina adoptó una estrategia terrorista frente al Estado, la marca mafiosa de Denaro encapsula el siglo XXI: se basa en una mezcla de violencia, actividades ilegales, solidaridad social (proporcionar empleo y justicia a las comunidades locales), silencio y anonimato. También son cruciales unos sólidos contactos empresariales y políticos, sobre todo la capacidad de reinvertir el “dinero sucio” en la economía legal.

En los últimos años, incluso se ha sugerido que Denaro estaba invirtiendo en empresas innovadoras y con visión de futuro (como empresas de energía eólica y solar). Todo ello con la complicidad de una amplia red de facilitadores que ha protegido a Denaro durante los últimos 30 años. A menudo se trata de personas sin antecedentes penales, por lo que son menos localizables por las autoridades.

La existencia de estas redes de confianza dentro de la mafia de Denaro es una cuestión crucial para las autoridades. Demuestra la existencia de una capa de omertà –silencio– que le protegía. Esta detención es una clara victoria para el Estado italiano, pero cabe preguntarse por qué se ha tardado tanto en encontrar a Denaro en Sicilia. Su círculo de protección ha sido evidentemente difícil de romper.

La policía ha ido eliminando poco a poco las capas de cómplices que le hacían vulnerable, pero ha llevado tiempo. Para investigar las redes mafiosas, la policía italiana ha recurrido tanto a la vigilancia tradicional como a las más modernas escuchas telefónicas y digitales. Con el tiempo, han dado resultado.

¿El fin de la Cosa Nostra o una nueva era?

La detención de Denaro bien podría producir un vacío de poder que sumiera a la Cosa Nostra en una crisis, pero no es el fin de la mafia. La caída de Denaro podría incluso crear una oportunidad para que mute una vez más, cambie y se adapte a las nuevas oportunidades de negocio, como una serpiente cambia de piel. Creo que esta detención marca un cambio de guardia en la cúpula de la Cosa Nostra. Puede ser que Denaro ya no fuera relevante o necesario. Tal vez, incluso había sobrevivido a su utilidad. Ya habrá una nueva generación dirigiendo Cosa Nostra.

Mucha gente puede declarar ahora que Cosa Nostra ha muerto. Está claro que no goza de tan buena salud como las otras principales bandas del crimen organizado de Italia –la Ndrangheta calabresa y la Camorra napolitana, ambas prósperas–, pero dista mucho de ser una causa perdida. Incluso después de la caída de Denaro, la Cosa Nostra sigue funcionando, impregnando la economía italiana y las economías de muchas otras naciones europeas.

Por lo tanto, el Estado italiano y los países europeos deben continuar sin descanso su lucha contra las mafias y los grupos de delincuencia organizada y no bajar nunca la guardia.

The Conversation

Felia Allum no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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