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Un hallazgo extraordinario en la mina Karowe, Botsuana, ha dejado boquiabiertos a los expertos en gemología: un diamante en bruto de 37,41 quilates que combina dos colores en un mismo cristal, rosa por un lado e incoloro por el otro. El análisis se realizó en Gaborone bajo la supervisión de Sally Eaton-Magaña, PhD, del Gemological Institute of America (GIA), quien se especializa en el estudio del color y la identificación de diamantes.
El diamante presenta un límite nítido entre sus dos mitades y mide aproximadamente 2,5 x 1,6 x 1,4 centímetros. Los especialistas creen que se formó en dos etapas, lo que hace que su contraste de colores sea aún más raro. La sección rosa probablemente comenzó como incolora y adquirió su tonalidad por presión geológica intensa, mientras que la mitad incolora se formó posteriormente.
Este diamante es tipo IIa, un término que indica un nivel extremadamente bajo de nitrógeno en su estructura. Esa pureza permite que el contraste de colores sea especialmente impactante.
La mayoría de los diamantes rosas obtienen su color por una deformación plástica de la red cristalina. Esto significa que los átomos dentro del cristal se desplazan permanentemente, cambiando cómo la piedra absorbe la luz. En otras palabras, el color no proviene de químicos adicionales o impurezas, sino de la manera en que la estructura interna del diamante fue doblada y estresada durante millones de años. Algunas piedras presentan delgadas franjas rosas llamadas lamelas, que son registros de estos desplazamientos antiguos.
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| Formación del diamante rosa: La piedra emergió en un proceso de dos pasos, formándose inicialmente la mitad rosa. Imagen cortesía de Tebogo Hambira/GIA. |
Los diamantes se forman a más de 160 kilómetros bajo la superficie, en el manto terrestre, donde la presión y temperatura extrema permiten que el carbono se cristalice en diamante en lugar de grafito. Luego, son transportados rápidamente a la superficie a través de kimberlitas, un tipo de roca volcánica que actúa como vehículo natural. Este rápido ascenso evita que los diamantes pierdan su forma y se conviertan en grafito.
La mina Karowe, ubicada sobre corteza continental muy antigua y estable, ha producido hallazgos extraordinarios como el diamante Motswedi de 2.488 quilates en 2024. Este diamante mitad rosa, mitad incoloro, continúa esa tradición, ofreciendo a los investigadores un ejemplo “antes y después” dentro de un mismo cristal.
Los movimientos de los supercontinentes antiguos, como Nuna, jugaron un papel importante en la creación de diamantes raros. La deformación y estiramiento de la corteza terrestre alteraron las condiciones de presión y temperatura en el manto, permitiendo que el carbono formara cristales con colores inusuales. Este diamante, con sus dos tonos, es un marcador natural que revela cambios en las fuerzas geológicas a lo largo del tiempo.
Además de su valor científico, la piedra plantea decisiones para los cortadores: conservar el límite de color para estudios o maximizar la intensidad rosa para la venta. Antes de cualquier corte, se realizan pruebas no destructivas para mapear zonas de color y estructuras internas, protegiendo la integridad del cristal.
Cada mitad del diamante enseña algo distinto sobre la física de los centros de defectos, pequeñas irregularidades en la red de átomos que determinan cómo absorbe la luz. Este ejemplar continuará ofreciendo lecciones únicas sobre la formación de diamantes y los procesos geológicos que los moldean.

