Un enorme depósito fósil en el Ártico desmonta todo lo que sabíamos sobre los antiguos océanos

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El ecosistema de tetrápodos oceánicos más antiguo, de hace 249 millones de años. Una manada del pequeño ictiopterigio («lagarto-pez») Grippia longirostris caza amonites parecidos a calamares (arriba a la izquierda). El anfibio marino Aphaneramma captura al pez óseo Bobastrania (en primer plano). El gigantesco ictiosaurio Cymbospondylus acecha en las profundidades (abajo a la derecha). Los fósiles de estos antiguos reptiles y anfibios marinos se conservan hoy en la isla ártica de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard. Crédito: Robert Back
El ecosistema de tetrápodos oceánicos más antiguo, de hace 249 millones de años. Una manada del pequeño ictiopterigio («lagarto-pez») Grippia longirostris caza amonites parecidos a calamares (arriba a la izquierda). El anfibio marino Aphaneramma captura al pez óseo Bobastrania (en primer plano). El gigantesco ictiosaurio Cymbospondylus acecha en las profundidades (abajo a la derecha). Los fósiles de estos antiguos reptiles y anfibios marinos se conservan hoy en la isla ártica de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard. Crédito: Robert Back

Más de 30.000 dientes, huesos y fósiles de reptiles marinos extintos, anfibios, peces óseos y tiburones de hace 249 millones de años han salido a la luz en la remota isla ártica de Spitsbergen. Esta colección extraordinaria captura el momento en que los primeros animales terrestres se adaptaron a los ecosistemas marinos tras una extinción devastadora y un episodio de calentamiento global extremo que marcó el inicio de la Era de los Dinosaurios.

Aunque los fósiles fueron hallados en 2015, su historia tardó casi una década en reconstruirse. Excavar, preparar, clasificar e identificar cada pieza fue un trabajo minucioso, casi artesanal. Ahora, un equipo escandinavo de paleontólogos del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo y del Museo Sueco de Historia Natural publica por fin los resultados en Science, abriendo una nueva ventana al pasado.

Spitsbergen es célebre por sus fósiles marinos del origen de la Era de los Dinosaurios. Conservados en capas de roca que antes eran lodos de un antiguo mar que bordeaba el superocéano Panthalassa, estos restos muestran cómo reptiles y anfibios comenzaron a especializarse para vivir lejos de tierra firme. Su diversidad es tan amplia que parecía indicar una recuperación lenta tras la extinción masiva del final del Pérmico, ocurrida hace unos 252 millones de años, cuando más del 90% de las especies marinas desaparecieron por un cóctel de hiper-invernadero, acidificación y falta de oxígeno provocados por enormes erupciones volcánicas.

Los libros de texto sugerían que los ecosistemas marinos tardaron unos ocho millones de años en volver a estabilizarse, colonizando el océano de forma gradual. Sin embargo, el depósito fosilífero de Spitsbergen acaba de dinamitar esta idea. La concentración de restos es tan alta que forma un verdadero bonebed, una capa rica en huesos que se erosiona visiblemente en la ladera de la montaña. Este nivel geológico se acumuló en un intervalo sorprendentemente corto, permitiendo observar con una claridad inédita cómo era la vida marina solo tres millones de años después de la gran extinción. La datación estratigráfica fija su edad en unos 249 millones de años.

Excavación de fósiles en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard. La investigación contó con la participación de un equipo de paleontólogos escandinavos del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo y del Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo. Crédito: Museo de Historia Natural, Universidad de Oslo.
Excavación de fósiles en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard. La investigación contó con la participación de un equipo de paleontólogos escandinavos del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo y del Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo. Crédito: Museo de Historia Natural, Universidad de Oslo.

Para comprender este ecosistema, los investigadores excavaron metódicamente cuadrículas de 1 m² durante 36 m², recuperando más de 800 kilos de fósiles. Entre ellos había desde microscópicas escamas de peces y dientes de tiburón hasta huesos de reptiles gigantes y coprolitos perfectamente preservados. El resultado revela un océano que se recuperó a una velocidad asombrosa, desarrollando cadenas tróficas complejas dominadas por múltiples depredadores marinos. Entre los protagonistas destacan reptiles totalmente acuáticos como archosauromorfos —parientes lejanos de los cocodrilos— y una gran variedad de ictiosaurios que iban desde cazadores de calamares de menos de un metro hasta colosos de más de cinco metros.

El análisis comparativo por computadora, realizado a escala global, confirma que este yacimiento es una de las comunidades marinas de vertebrados más ricas descubiertas para este periodo. Aún más sorprendente es que los datos sugieren que el origen de los reptiles y anfibios marinos podría ser incluso anterior a lo que se pensaba, quizá previo a la propia extinción del Pérmico.

Todo apunta a que el colapso ecológico abrió nuevos nichos alimenticios que los supervivientes aprovecharon con rapidez. Este reinicio profundo de los ecosistemas marinos habría sentado las bases de la vida oceánica moderna tal como la conocemos hoy.

Fuentes, créditos y referencias:

Aubrey J. Roberts, Earliest oceanic tetrapod ecosystem reveals rapid complexification of Triassic marine communities, Science (2025). DOI: 10.1126/science.adx7390. www.science.org/doi/10.1126/science.adx7390

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