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| Esta vista en mosaico del asteroide Bennu se compiló a partir de una serie de imágenes observacionales captadas por la sonda OSIRIS-REx. Crédito: NASA/Goddard/Universidad de Arizona |
La idea de que la vida en la Tierra pudo haber comenzado con ingredientes llegados desde el espacio siempre ha fascinado a la ciencia, pero hasta hace poco seguía siendo una hipótesis rodeada de dudas. Las muestras antiguas encontradas en meteoritos ya sugerían la presencia de moléculas prebióticas —los componentes esenciales para formar vida—, aunque siempre quedaba abierta la posibilidad de contaminación terrestre. Esta vez, sin embargo, la historia es distinta.
Un pequeño asteroide llamado Bennu, un objeto primitivo que prácticamente no ha cambiado desde los inicios del Sistema Solar hace unos 4.600 millones de años, ofreció la oportunidad perfecta para obtener respuestas reales. En 2020, una nave de la NASA tomó fragmentos directamente de su superficie y los trajo a la Tierra sin haber pasado jamás por condiciones terrestres que pudieran alterar su composición.
El nuevo análisis de ese material, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, reveló algo extraordinario: se confirmaron 14 aminoácidos —moléculas que sirven como bloques para formar proteínas— y además se detectaron indicios de triptófano, un aminoácido que nunca se había identificado de manera confiable en material extraterrestre. También fueron halladas cinco nucleobases, los componentes que construyen el ADN y el ARN.
En otras palabras, en un mismo lugar aparecieron los ingredientes fundamentales tanto de las proteínas como del material genético. Para quienes no están tan familiarizados con el tema: un aminoácido es una molécula que, al unirse con otras, forma proteínas, mientras que una nucleobase es una pieza química que integra el ADN o ARN y contiene la información genética.
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| Una superficie mineral con una película de sal blanca y endurecida. Crédito de la imagen: Ángel Mojarro |
Los científicos también encontraron abundantes filosilicatos, minerales similares a la arcilla que únicamente se forman cuando las rocas han estado en contacto con agua líquida. Ese dato fue clave. Demuestra que el cuerpo progenitor de Bennu —un objeto mayor del que el asteroide se desprendió— tuvo agua en su interior hace miles de millones de años.
Según los investigadores, ese antiguo entorno acuoso probablemente contenía amoníaco, una sustancia que habría actuado como catalizador. Esto significa que contribuyó a transformar compuestos simples procedentes del espacio interestelar en aminoácidos y bases nitrogenadas, todo mediante reacciones químicas naturales ocurridas dentro de ese cuerpo primitivo.
Para los especialistas, los resultados amplían de forma contundente la evidencia de que moléculas orgánicas prebióticas pueden formarse dentro de pequeños mundos rocosos en proceso de formación. Y, lo más importante, que esos compuestos pudieron llegar a la Tierra muy temprano mediante impactos, participando así en el origen de la vida.
Este hallazgo fortalece la visión de que nuestro planeta quizá no inició su historia biológica con lo que ya estaba aquí, sino con materiales transportados desde regiones distantes del cosmos. Una especie de entrega cósmica que sembró los primeros ladrillos químicos para que la vida pudiera comenzar.
Fuentes, créditos y referencias:
Angel Mojarro et al, Prebiotic organic compounds in samples of asteroid Bennu indicate heterogeneous aqueous alteration, Proceedings of the National Academy of Sciences (2025). DOI: 10.1073/pnas.2512461122

