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Un nuevo lanzamiento de un cohete Soyuz despegó este jueves desde el cosmódromo de Baikonur con los cosmonautas de Roscosmos Sergei Kud-Sverchkov y Sergei Mikayev, junto al astronauta de la NASA Christopher Williams. Tras ocho horas de viaje, los tres llegaron sin complicaciones a la Estación Espacial Internacional, un trayecto que sigue siendo rutina para estas misiones.
Pero mientras ellos avanzaban hacia la órbita, en tierra ocurrió algo mucho menos rutinario. Durante el despegue se produjo un fallo grave en las estructuras que soportan al cohete antes del lanzamiento, en un punto del complejo conocido como Sitio 31. Este lugar es crucial porque actualmente es la única plataforma capacitada en Rusia para lanzar tanto las naves tripuladas Soyuz como los cargueros Progress.
Roscosmos publicó luego un comunicado breve intentando restar importancia al incidente. Sin embargo, las imágenes tomadas tras el despegue cuentan una historia distinta: una de las plataformas de servicio —una estructura de unas 20 toneladas ubicada justo debajo del cohete para permitir acceso técnico antes del lanzamiento— terminó desplomada dentro del conducto donde se dirige el chorro de la combustión. Esto ocurrió, según fuentes internas, porque la plataforma no estaba asegurada como debía y el empuje del cohete la expulsó de su lugar. El resultado fue un daño notable en la infraestructura.
Para entender la gravedad: Baikonur tiene varias zonas de lanzamiento, pero casi ninguna puede operar las naves Soyuz o Progress sin enormes modificaciones. El histórico Sitio 1, desde el que despego Yuri Gagarin, ya está fuera de servicio y en proceso de convertirse en museo. Otras rampas dentro de Rusia no cuentan con la configuración necesaria para estas misiones.
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| Técnicos de Baikonur inspeccionan la Soyuz completamente cargada antes de su próxima misión – NASA TV |
La agencia rusa asegura que tiene repuestos disponibles y que la reparación será rápida. No obstante, varios especialistas advierten que eso era cierto antes de que la guerra en Ucrania drenara recursos del programa espacial civil. Y esta reparación no será menor: requiere inversión, personal técnico especializado y piezas que no siempre se obtienen fácilmente.
Este incidente llega en un momento delicado. La participación de Rusia en la Estación Espacial Internacional ha ido reduciéndose, con menos misiones tripuladas al año para abaratar costos. Ahora, con parte de la infraestructura dañada, Moscú deberá decidir si está dispuesto a sostener el compromiso con el programa hasta 2030.
La preocupación inmediata está en las naves Progress, fundamentales para operar la ISS. No solo llevan suministros al segmento ruso, también realizan tareas técnicas esenciales: ayudan a elevar periódicamente la altitud de la estación y colaboran en el control de orientación al “desaturar” (es decir, aliviar) los giroscopios estadounidenses cuando acumulan demasiada energía rotacional.
En teoría, otras naves podrían suplir algunas de estas funciones. La Dragon de SpaceX y la Cygnus de Northrop Grumman ya han demostrado ser capaces de elevar la estación, pero asumir por completo el trabajo de las Progress sería un esfuerzo costoso y no está claro si se podría mantener a largo plazo.
Según el calendario interno, dos Progress deberían despegar antes de julio de 2027, y la próxima misión tripulada Soyuz está prevista para el próximo verano. Con el Sitio 31 posiblemente fuera de servicio durante un tiempo, aumenta la presión internacional sobre SpaceX, que actualmente opera la única nave tripulada de la NASA capaz de llegar a la ISS. Boeing, por su parte, no puede utilizar Starliner hasta que complete otra misión no tripulada, lo que complica aún más el panorama.
Este contratiempo podría convertirse en un punto de inflexión. La reparación de la plataforma no solo probará la capacidad industrial de Rusia, sino también su compromiso con el proyecto espacial más importante de cooperación científica internacional.

