Cerebros prehistóricos revelan cómo realmente evolucionó el vuelo

Vea También

Una vívida reconstrucción de la Tierra durante el Triásico Superior, hace unos 215 millones de años, muestra un lagerpétido —uno de los parientes conocidos más cercanos de los pterosaurios— descansando sobre una cornisa rocosa mientras pterosaurios planean en el aire. Crédito de la imagen: Matheus Fernandes.
Representando la vida en el Triásico Tardío, hace unos 215 millones de años, la obra presenta un lagerpétido posado sobre una roca mientras pterosaurios surcan el espacio aéreo. Crédito de la imagen: Matheus Fernandes.

Un equipo internacional de especialistas reconstruyó con una precisión inédita la forma del cerebro de más de treinta especies extintas y actuales, utilizando técnicas avanzadas de imagen 3D como la microtomografía computarizada (microCT). Este tipo de escaneo permite observar la anatomía interna de fósiles sin dañarlos, generando modelos digitales de altísima resolución. El trabajo, publicado en Current Biology, abre nuevas ventanas para entender cómo surgió la capacidad de volar en los grandes reptiles del pasado.

Los pterosaurios, los primeros vertebrados capaces de vuelo propulsado, aparecieron hace unos 220 millones de años. No heredaron el vuelo de ninguna especie previa: lo desarrollaron desde cero, algo que más tarde volvería a ocurrir de forma independiente en ciertos dinosaurios que darían origen a las aves modernas. Sin embargo, volar es mucho más que tener alas; requiere cambios profundos en musculatura, proporciones corporales, control del equilibrio y, por supuesto, en el sistema nervioso.

Uno de los puntos más llamativos del estudio es que estos reptiles alados no necesitaban un cerebro grande para volar. Como explica el investigador Matteo Fabbri, los pterosaurios ya dominaban el aire cuando su cerebro era similar en tamaño al de otros dinosaurios que no podían volar. Este detalle cuestiona la idea de que un cerebro voluminoso fue un requisito para el desarrollo temprano del vuelo.

Para descubrir cómo se produjo esta adaptación, los investigadores rastrearon la evolución del cerebro en el árbol genealógico de los pterosaurios. Prestaron especial atención al lóbulo óptico, la región encargada de procesar la información visual. En criaturas voladoras, esta área suele ser más grande porque la orientación en el aire depende en gran medida de la vista.

Una reconstrucción artística detallada compara un pterosaurio del Triásico Tardío (arriba) con un lagerpétido (abajo), ambos con una antigüedad aproximada de 215 millones de años. A la derecha, tomografías computarizadas de alta resolución revelan modelos 3D de su anatomía cerebral. Crédito: Rodrigo Müller, Mario Bronzati, Matheus Fernandes.
Este conjunto visual contrasta un pterosaurio del Triásico Superior con un lagerpétido, con una antigüedad estimada de 215 millones de años. La columna derecha destaca modelos cerebrales 3D obtenidos mediante tomografía computarizada, que ofrecen una perspectiva excepcional de su neuroanatomía interna. Crédito: Rodrigo Müller, Mario Bronzati, Matheus Fernandes.

Mediante escaneos CT, los científicos pudieron reconstruir la cavidad cerebral de fósiles extremadamente delicados. El análisis llevó a un pariente cercano de los pterosaurios: Ixalerpeton, un pequeño reptil arborícola que vivió hace unos 233 millones de años en lo que hoy es Brasil. Aunque no podía volar, ya mostraba un lóbulo óptico ampliado, lo que apunta a que una visión más eficiente pudo haber sido el primer paso hacia las habilidades aéreas desarrolladas más tarde por sus descendientes.

Según explica el investigador Mario Bronzati, el aumento del lóbulo óptico es un rasgo compartido entre Ixalerpeton y los pterosaurios, pero más allá de eso, las diferencias entre ambos cerebros son enormes. Esto sugiere que la transición hacia el vuelo no fue gradual, sino un salto evolutivo relativamente rápido: el cerebro de los primeros pterosaurios se transformó de forma acelerada para permitir un control preciso del movimiento en el aire.

En contraste, las aves —descendientes de dinosaurios paravianos— parecen haber seguido otro camino. Su capacidad de volar habría surgido paso a paso, con aumentos progresivos en regiones como el cerebelo (clave para la coordinación muscular) y los hemisferios cerebrales. Un estudio reciente incluso señala que la expansión del cerebelo fue crucial en el origen del vuelo aviano.

El equipo también comparó la estructura interna del cerebro de pterosaurios con la de cocodrilos modernos, aves actuales y especies fósiles extinguidas. Sus resultados muestran que los hemisferios de los pterosaurios estaban moderadamente agrandados, pero no alcanzaban el grado de desarrollo de las aves contemporáneas, lo que refuerza la idea de dos caminos evolutivos distintos hacia la vida aérea.

Para el paleontólogo Rodrigo Temp Müller, los hallazgos provenientes de Brasil están proporcionando un nivel de detalle antes impensado sobre cómo surgieron grupos tan influyentes como dinosaurios y pterosaurios. Y cada nuevo fósil aporta piezas adicionales a este rompecabezas evolutivo.

El siguiente gran desafío será entender no solo la forma del cerebro de los pterosaurios, sino cómo funcionaba. Averiguar qué áreas controlaban su equilibrio, su visión o su capacidad de maniobrar podría revelar qué principios biológicos hacen posible el vuelo en diferentes linajes. Según Fabbri, descifrar estos mecanismos permitirá comprender mejor las leyes que gobiernan esta forma extrema de locomoción.

Fuentes, créditos y referencias:

Neuroanatomical convergence between pterosaurs and non-avian paravians in the evolution of flight, Current Biology (2025). DOI: 10.1016/j.cub.2025.10.086.

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Anuncio publicitario

Si valoras nuestro periodismo científico y tecnológico independiente, considera apoyarnos con una donación. Cada aporte nos ayuda a mantener reportajes rigurosos y contenido de calidad.

Contribuciones pequeñas suman —gracias por formar parte de esta comunidad.

Únete a nuestro canal en Telegram